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La pandemia trasladó la escuela a la casa y promovió una mayor conciencia por la justicia social





Martín Muñoz Mancilla

Escuela Normal de Coatepec Harinas

Red Temática de Investigación de Educación Rural


El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el Campo Estratégico en Modelos y Políticas Educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticias del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.


¿Qué cambios se configuraron en el sistema educativo con la pandemia del Covid 19, cuando la escuela se trasladó a la casa y los padres de familia apoyaron el rol de los docentes? ¿Cuáles fueron las estrategias que desarrollan los docentes para poder estar en comunicación con estudiantes y padres de familia que viven cierta precarización tanto en medios urbanos marginales, como en rurales e indígenas? O, planteada de otra manera, ¿por qué se hace necesario formar en los docentes rasgos que les permitan promover una mayor justicia social para poder desarrollarse en diferentes contextos y ante diversas necesidades y requerimientos?


Mediante el planteamiento de dichas interrogantes se propuso el siguiente objetivo: exponer las consecuencias que se están configurando durante la pandemia del Covid 19, para aportar algunas reflexiones estratégicas y articularlas a la formación docente con las nuevas condiciones y requerimientos.


Para esto se parte de reconocer que la pandemia del Covid 19 ha sido un parteaguas en la historia de la humanidad, dado que marca un antes y un después en muchos sistemas, funciones y actividades. De ahí que sea ampliamente difundido que nada volverá a ser igual que antes.


Lo complejo del caso resulta ser que, en los últimos años, se ha agravado la brecha entre los que poseen recursos y aquellos que viven precarizados. Como diría Bauman (2001), la globalización ha traído a algunos riqueza, felicidad y mayores oportunidades; en cambio, para otros ha sido la causa de miseria, infelicidad y marginación.


La brecha de esas grandes desigualdades se puso en evidencia durante la pandemia del Covid 19, cuando afloraron las grandes diferencias que se dan entre la población que vive en los centros urbanos y goza de un buen nivel de vida, y los de zonas urbanas marginadas, rurales e indígenas, quienes sufren pobreza, exclusión y apenas cuentan con lo necesario para sobrevivir.


Dichas diferencias muestran una brecha abismal en lo referente a la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) dado que, mientras unos poseen potente conexión a Internet en casa, computadoras personales, tabletas, celulares inteligentes y todos los servicios, la mayoría de los otros carecen de Internet, o si cuentan con dicho servicio, su señal es inestable, los equipos de cómputo son para toda la familia y carecen de dispositivos inteligentes y de servicios básicos.


Como lo señala García Canclini (2004), el acceso a medios tecnológicos promueve una diferencia informativa abismal a causa de la interacción en redes, plataformas y buscadores. Por ello, en la vida diaria, coexistan diferentes, desiguales y desconectados.

En ese contexto, la pandemia del Covid 19 llegó el día más inesperado generando miedo, inseguridad, incertidumbre y, sobre todo, cambios y transformaciones. En el caso del sistema educativo, se pasó de una formación presencial, a una a distancia, modificando el rol de los padres de familia, que pasó de ser quien cumplía con mandar a sus hijos a la escuela, al de ser el responsable directo de los procesos formativos.


Lo complejo de esto fue el rol de los docentes, quienes en los últimos años habían sido considerados facilitadores de aprendizajes por ser quienes, principalmente en la escuela, promovían estrategias para que sus alumnos construyeran y adquirieran sus conocimientos; es decir, retomaban aprendizajes previos para impartir los nuevos y los hacían significativos, de manera que, posteriormente, los alumnos los pudieran aplicar.

Sin embargo, con la pandemia del Covid 19, la escuela rebasó las cuatro paredes del aula y los procesos formativos se desplazaron a la casa, por ejemplo: las estrategias de enseñanza, de aprendizaje, de investigación, de elaboración de tareas, y la formación de actitudes, conductas, entre otras.


Para la población estudiantil de los medios urbanos, que cuentan con los medios tecnológicos idóneos y gozan de un buen nivel de vida, resulta ser una gran ventaja desarrollar los trabajos en casa, dado que los padres de familia, por su modo de vida y escolaridad, les brindan los apoyos y los medios necesarios; en cambio, la población de los medios urbanos marginales, rurales e indígenas, ante las carencias y su precarización, se enfrentan a muchas barreras de aprendizaje para cumplir con lo que se les pide en la escuela, no sólo por carecer de los medios tecnológicos e Internet, sino también porque sus padres no cuentan con la preparación suficiente para apoyarlos.

La gran mayoría de las familias que viven de forma precaria carecen de Internet; esto se evidencia en los resultados de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información (ENDUTIH), aplicada en 2019, donde se señala que menos de la mitad de quienes viven en zonas rurales, que equivale al 47.7% de la población, cuenta con acceso a Internet, y aquellos que lo pudieran tener, cuentan con una débil señal e inevitablemente convergen, como ya se dijo, en una condición de diferentes, desiguales y desconectados.


En tiempos de la pandemia es digno reconocer el compromiso de muchos docentes que desarrollan su práctica educativa en medios rurales e indígenas, quienes, para poder estar en comunicación con el trabajo de sus alumnos, y pese a las adversidades, se trasladan hasta los lugares donde viven para revisar cómo van y poder apoyar en lo que necesitan.


Gracias a esas visitas domiciliarias, los docentes tuvieron la oportunidad de conocer realmente el ambiente, las condiciones y la manera en que viven sus alumnos. Llama la atención que la gran mayoría reconoce con mucha tristeza, impotencia e inconformidad, la gran pobreza que sufren muchos de sus alumnos.


La pandemia del Covid 19 reveló a los docentes que no basta ser competente y poseer habilidades, conocimientos, valores, actitudes, o saber qué y cómo enseñar, tampoco haber salido aprobado en una evaluación; sino que, para desempeñarse en su campo laboral, se deben retomar y valorar los rasgos de honestidad, respeto, tolerancia, dedicación, abnegación, compromiso, gestión por mejorar las condiciones del entorno, para ser un emancipador de los menos favorecidos, un denunciante de las injusticias y, sobre todo, un promotor de una mayor justicia social.


Referencias

Bauman, Z. (2001). La Globalización consecuencias humanas. México: FCE.


García Canclini, N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados: mapas de interculturalidad. Barcelona: Gedisa.


INEGI (2019). Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la información (ENDUTIH). México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.







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