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Diversidad e interculturalidad en el nuevo Marco Curricular: entre dudas y nuevas posibilidades




Yasmani Santana Colin

Liliana García Ruvalcaba

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO)

El Observatorio del Derecho a la Educación y la Justicia (ODEJ) es una plataforma para el pronunciamiento público, impulsado por el Campo Estratégico en Modelos y Políticas Educativas del Sistema Universitario Jesuita (SUJ). Su propósito consiste en la construcción de un espacio de análisis informado y de posicionamiento crítico de las políticas y las reformas educativas en México y América Latina, arraigado en la realidad social acerca de las injusticias del sistema educativo, y recupera temas coyunturales y estructurales con relación a la agenda educativa vigente.

El abordaje de la diversidad y la interculturalidad ha representado uno de los retos más importantes de los sistemas educativos latinoamericanos en los últimos años. No obstante, ha sido muy complejo hacer una definición de estos conceptos, y más aún ponerlos en práctica dentro de sistemas educativos cada vez más plurales.

La diversidad es uno de los planteamientos más potentes a lo largo de todo el documento del nuevo Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana. Se asume como principio de inclusión fundamental una educación para la igualdad y la diversidad. Se pronuncia, en lo general, por una educación que aprecie la diversidad de saberes, atienda con énfasis sustantivo a quienes están marginados, a mujeres, indígenas, afrodescendientes, migrantes, discapacitados, violentados sexualmente, niños o niñas en situación de calle, adolescentes en conflictos con la ley etcétera.

Particularmente, lo intercultural en el terreno de lo educativo, en la mayoría de los casos, se ha entendido como lo indígena, lo subalterno, las minorías, es decir, para el “otro”, “distinto culturalmente”. La interculturalidad, como concepto polisémico, está en constante tensión por las diversas formas en que ha operado dentro y fuera de las instituciones educativas. Mientras que para los movimientos indígenas y otros grupos subalternizados ha significado un posicionamiento político y epistémico que busca visibilizar de manera crítica las demandas de sus colectivos, para el Estado sólo ha representado una visión armónica de cómo se relacionan distintas culturas, dejando de lado las desigualdades sociales históricas, mismas que invisibilizan sujetos y prácticas, colocando una cultura dominante sobre otros grupos cultural y lingüísticamente diferenciados.

La interculturalidad no ha logrado abarcar un todo en donde “supuestamente” cabemos todos, sino que ha sido, en ocasiones, una nueva forma de marcar diferencia y exclusión, claro está, sin decirlo abiertamente. Así, se abren espacios educativos “especiales” que legitiman, consciente o inconscientemente, una dicotomía entre sectores sociales, de alguna manera ya diferenciados. Sin embargo, en la propuesta del nuevo Marco Curricular y Plan de Estudios 2022 de la Educación Básica Mexicana el abordaje de la interculturalidad, al menos en el discurso, se proyecta como una interculturalidad crítica y decolonial y ésta pone el énfasis en los sujetos, las comunidades e identidades lingüísticas, culturales, sociales y territoriales en su diversidad, que interactúan, dialogan, se interpelan y producen entre sí diferentes aprendizajes, en un marco de relaciones asimétricas por motivos de clase, etnia, sexo, género, edad o capacidad, en la que el Estado se erige como el responsable social, político y jurídico, que garantiza la igualdad de derechos y favorece la creación de espacios para diversas epistemologías y el diálogo de saberes.

Así, dentro del nuevo marco curricular la diversidad se hace presente en los distintos campos formativos que son cruzados por siete ejes articuladores, mismos que son transversales dentro del plan de estudios. Uno de ellos es, precisamente, el eje de la interculturalidad;, con éste, se busca desarrollar prácticas pedagógicas interculturales críticas a lo largo del currículo de educación básica, que permitan a las estudiantes y los estudiantes reconocerse como parte de un entorno comunitario con prácticas generadoras de conocimientos. Asií mismo, se resignifica la visión de la escuela como el único espacio productor de saber y se amplía la valoración del territorio, la comunidad, la periferia, la familia, como ámbitos de formación que aportan otros conocimientos a los sistemas educativos convencionales. Es importante destacar que esta visión lleva varios años puesta en marcha dentro de los subsistemas de educación indígena, así que no será ninguna novedad dentro del magisterio rural;, lo que sí es importante es la legitimidad con la que hoy se reconoceregistra la importancia de reconocer estos espacios como productores de saber.

Un acierto de este nuevo Marco Curricular es poner la comunidad al centro en una relación dialógica entre la escuela y la vida real de los estudiantes, ya que se entiende que el estudiante no es un sujeto individual, sino colectivo. De esta manera, se busca aprender a realizar interacciones cognitivas, simbólicas, y prácticas con personas con diversos conocimientos, para construir un diálogo de saberes que involucra la ciencia occidental, los pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes, mismo el que se fundamenta en relaciones de respeto y horizontalidad. No obstante, quedan muchas dudas sobre cómo y quiénes serán los encargados de formar a los docentes en esta tarea que hasta la fecha ha resultado ser muy compleja.

Una de las dudas con respecto a este nuevo Marco Curricular es que hoy en día lo intercultural se ha vuelto un tema de moda en la agenda pública, y particularmente en la política educativa particularmente. Sin embargo, en muchos sectores educativos existen incógnitas sobre qué es y cómo se aborda la interculturalidad en términos pedagógicos concretos, no a manera de receta, sino como prácticas situadas, contextualizadas. En ese sentido, cada institución educativa, modelo educativo o subsistema escolar debe ser quien defina los contenidos y formas educativas.

Se trata, pues, de un documento que alienta a la desobediencia epistémica, al diálogo de saberes, a la ruptura del monopolio del conocimiento y las relaciones de poder.

Es un texto que se lee esperanzador, que aborda la diversidad no como un problema sino como un recurso pedagógico, que pone al centro a la educación como promotora de justicia social a través de un posible diálogo intercultural. Sin embargo, surge la pregunta de cómo ir de los planteamientos del nuevo Marco Curricular a la transformación de las prácticas pedagógicas, de gestión, así como de las relaciones escuela-comunidad.

Se considera indispensable que la libertad académica, a la que se apuesta como condición para la contextualización, se acompañe de un proceso formativo pertinente y de largo aliento del personal directivo y docente, de manera que conduzca a un ejercicio autocrítico honesto que problematice la racionalidad presente en sus actos cotidianos y en su realidad circundante, ya que es sólo desde la propia vivencia de estos procesos que es posible promover formas convivenciales democráticas, de cuidado de la otra, del otro y del colectivo.

La transversalización de la diversidad en el currículo, así como la interculturalidad crítica y decolonial resultan tareas complejas que requieren abordajes sistémicos que vayan construyendo condiciones para dar lugar a formas distintas de participación social desde lo escolar;, sin éestos se corre el riesgo de que el documento del Marco se quede guardado en un cajón, se recite como discurso hueco, o bien que impulse esfuerzos ingenuos que no hagan posible avanzar en la dirección esperada.

Ante este panorama, y como una forma de continuar reflexionando, se proponens las siguientes preguntas como ejes de análisis que pueden ayudar a profundizar en el estudio y discusión de este nuevo marco curricular.

  • ¿Cómo hablar de interculturalidad en una sociedad con tantas asimetrías económicas, políticas, sociales culturales, educativas, etcétera.?

  • ¿Cómo generar procesos de horizontalidad en la implementación de dicho marco curricular, donde todas las voces de los actores tengan el mismo nivel de participación?

  • ¿Cómo generar una educación descolonizadora en una sociedad mexicana, racista y clasista que aún no acepta la diversidad de diversidades imperante en el país?

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